En el Pabellón de Turismo de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, Las Juntas llevó mucho más que un producto, llevó una parte de su identidad. Allí, los integrantes de El Membrillar Junteño realizaron en vivo la elaboración del tradicional dulce de membrillo, compartiendo con el público un oficio que se mantiene vivo gracias al esfuerzo y la pasión de quienes aman su tierra.

Frente a la mirada de cientos de visitantes, la fruta se transformó lentamente en ese dulce que ha acompañado generaciones. Desde la preparación de la pasta en la paila, la cocción paciente y el llenado de las bandejas, cada movimiento habló de un conocimiento heredado, de manos curtidas por el trabajo y de una tradición que encuentra en el tiempo su mejor ingrediente.

Pero la historia de El Membrillar Junteño no comienza ni termina en el Poncho. Durante la temporada de cosecha, el grupo trabaja intensamente para elaborar la pasta de membrillo que luego conservan y congelan, permitiendo que la producción continúe durante todo el año. Es una forma de vencer la estacionalidad y de demostrar que, cuando hay compromiso, los frutos de la tierra pueden seguir llegando a cada mesa sin perder su esencia.

Con el paso de los años, la marca logró consolidarse como un verdadero símbolo de Las Juntas, ampliando además su producción con otras elaboraciones artesanales, entre ellas un reconocido fernet artesanal que también refleja la creatividad y el espíritu emprendedor de quienes apuestan por el valor agregado de lo nuestro.

La presencia de El Membrillar Junteño en el Poncho fue mucho más que una demostración gastronómica. Fue un homenaje silencioso a la cultura del trabajo, a las familias que encuentran en la producción artesanal una forma de vida y a una comunidad que entiende que preservar sus sabores es también preservar su historia.

Porque hay tradiciones que no necesitan grandes discursos para perdurar. Alcanzan unas manos sobre la paila, el perfume inconfundible del membrillo cocinándose a fuego