Hay tradiciones que no solo se recuerdan: se cocinan, se comparten y se transmiten de generación en generación. En Ambato, el maíz es mucho más que un cultivo. Es el símbolo de una tierra productiva, el sustento de muchas familias y el ingrediente que da vida a recetas que forman parte de nuestra identidad.
Con esa premisa, Tradiciones Ambateñas volvió a sorprender en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho con la elaboración de un imponente tamal gigante, una propuesta que acaparó la atención de miles de visitantes y puso los ojos de toda la provincia sobre el trabajo, la cultura y la gastronomía de nuestro departamento.
La logística fue tan impresionante como el resultado. En una olla especialmente construida para la ocasión se hicieron hervir 400 litros de agua para cocinar una preparación de 45 kilos, de la que surgieron alrededor de 400 porciones de un tamal de 1,80 metros de largo, convirtiéndose en uno de los grandes atractivos del Predio Ferial.
Pero detrás de semejante desafío hubo mucho más que números. Hubo días enteros de trabajo, planificación y dedicación.
Los grandes protagonistas fueron Susana Martínez y Leoncio Villafañez, queridos vecinos de El Bolsón, cocineros y artesanos que desde hace años representan con orgullo la gastronomía ambateña en cada evento con sus tradicionales tamales, empanadas y masas dulces. Durante toda la semana trabajaron en la preparación del tradicional picadillo, utilizando siete cabezas de vaca y 30 kilos de anco, respetando cada paso de una receta que lleva consigo el sabor y la memoria de nuestros mayores.
En esta enorme tarea tampoco estuvieron solos. Sus hijos acompañaron cada etapa del proceso, colaborando en el armado, la preparación y toda la organización necesaria para que el tamal gigante pudiera hacerse realidad. Una familia unida por el trabajo y por el amor a las tradiciones, demostrando que los saberes más valiosos se heredan compartiendo el hacer cotidiano.
Este tamal gigante forma parte de una propuesta mucho más amplia: la puesta en valor del maíz, un alimento que identifica a Ambato no solo por su presencia en la gastronomía, sino también por ser uno de los principales productos de nuestra zona. En los últimos años, el espacio Tradiciones Ambateñas ha venido revalorizando este cultivo a través de distintas elaboraciones como la mazamorra, los alfajores elaborados con harina de maíz y, en esta oportunidad, el gran tamal. Incluso, en la edición anterior de la Fiesta del Poncho, el stand de Turismo que obtuvo el segundo lugar entre los mejores, estuvo íntegramente dedicado al maíz como símbolo de la riqueza productiva y cultural de Ambato.
Detrás de cada una de estas iniciativas existe un trabajo silencioso, constante y comprometido del Área de Cultura, Turismo y Deportes, donde Alejandro Seco y Karina López, junto a todo el equipo, impulsan la preservación, la difusión y la puesta en valor del patrimonio gastronómico y cultural de nuestro departamento. Su labor permite que las recetas, los saberes y las costumbres de nuestros pueblos trasciendan el tiempo y encuentren un espacio para ser conocidas y admiradas por miles de personas.
Porque el tamal gigante fue mucho más que una propuesta gastronómica. Fue el abrazo entre la tierra y su gente; el reconocimiento a quienes, con humildad y esfuerzo, mantienen vivas las recetas heredadas; y la demostración de que cuando Ambato pone en valor sus tradiciones, no solo comparte un plato típico comparte su historia, su identidad y el orgullo de un pueblo que nunca deja de honrar sus raíces